5 buenas razones para visitar la Provenza

La Provenza rebosa de encanto. Famosa por su clima y por su tranquilidad, descubre 5 buenas razones para descubrir esta región.

  • Autor

  • Actualizado el

    27/05/2016

  • Destino

    Cassis

Pasear por las ciudades provenzales

Las callejuelas adoquinadas, el clima, las terrazas, la tranquilidad, las plazas, los lugareños, los plátanos, el aperitivo, la petanca, las cigarras y la lavanda dotan de encanto a la Provenza. Descubre la comuna de Saint-Remy-de-Provence donde se refugian famosos y artistas, Cassis y su puerto rodeado de buenas direcciones gastronómicas o Aubagne, siguiendo el rastro de Marcel Pagnol.

Jugar a la petanca

¡La petanca es el deporte predilecto en la Provenza! Hasta comienzos del siglo XX, se jugaba al jeu provençal o à la longue, que consiste en lanzar bolas a 15 o 25 metros cogiendo impulso.

En 1910, los asiduos de la época jugaban al jeu provençal bajo la mirada de los ciudadanos. Uno de ellos, Jules Hugues «el Negro» padecía de reuma y los observaba desde su silla, frustrado por no poder participar, se puso a lanzar algunas bolas para entrenarse para pasar el tiempo. Su amigo le propuso jugar con ellos desde su silla, con los pies juntos en un círculo trazado en el suelo. Así nació la petanca («pet tanca» que significa pies juntos).

El terreno donde se desarrollaba el juego existe todavía, aconsejo ir a conocer a Gérard Scarsi, el presidente del Club Bouliste, que estará encantado de contar las numerosas anécdotas antes de proponerte una partidita en ese terreno emblemático de la petanca.

Le Berceau de la Pétanque Jules Lenoir
Traverse des Pieds Tanqués, 13600 La Ciotat
Tel.: 06 70 21 82 49

Descubrir la historia de la tela provenzal

En 1648, las indianas provenzales nacen en Marsella, esas telas de algodón coloridas que provenían de la India. En 1790, Jean Jourdan crea una fábrica de indianas y así nace la casa Souleiado (que significa rayos de sol después de la lluvia). Este viejo palacete del siglo XVII alberga hoy en día la fábrica Souleiado, pero también el museo de la tela provenzal donde se repasa la apasionante historia de la marca y de su savoir-faire ancestral.

La visita dura entre 1 h 30 min y 2 h. Es como si el tiempo se detuviera, se encuentra intacto el laboratorio químico, las tablas de impresión, el gran horno y el lavadero. ¡Se aprende a crear una tela y nos metemos en la piel de un artesano de indianas! Con la ayuda de una plancha (que contiene los motivos provenzales), se aprende a imprimir el motivo sobre la tela.

Museo Souleiado
39, rue Charles-Deméry, 13150 Tarascon

Probar las olivas

En la Provenza, es extraño no encontrarse con olivas en la mesa o con el aceite de oliva en el plato. Si te gustan las especialidades locales, te recomiendo dos direcciones para descubrir todos los secretos de su elaboración.

La confitería de Olives Arnaud es una empresa familiar nacida en 1945 y que produce alrededor de 800 toneladas de olivas cada año. Su experiencia como confiteros se nota en la calidad de sus olivas, gracias a su secreto de elaboración que se basa principalmente en un método diferente para quitar el amargor a las olivas y en una receta especial.
Olives ARNAUD
ZAC du Roubian, 13150 Tarascon

El Molino de Calanquet tiene más de diez mil cepas de olivos. Entre las distintas variedades, encontramos la Aglandau, la Salonenque, la Grossane, la Verdale y la Picholine. Este molino tradicional ofrece aceites de oliva de una muy alta calidad, tartinades, olivas, mermeladas... Anne ofrece una cata mientras cuenta la historia del molino que abrió junto con su hermano. ¡Es un puro deleite!
Moulin du Calanquet
Vieux chemin d'Arles, 13210 Saint-Rémy de Provence

Tomar el aperitivo

¡En la Provenza, el aperitivo es sagrado! El vino rosado y el pastís son las estrellas de las terrazas para acompañar de olivas, de anchoïade, de fougasse, de salchichón o de queso. Si prefieres algo sin alcohol, pide un Gambetta Lime (limonada y jarabe de plantas) o un Pac à l”eau (refresco con limón). Para saber más acerca de las bebidas locales, descubre dos direcciones imprescindibles.

El Clos Sainte Magdelaine es una propiedad familiar que se extiende sobre veinte hectáreas. La empresa produce cuatro cepas en un cultivo razonado y cuenta con denominación de origen desde 1936. A la visita del dominio le sigue una visita en las bodegas, así como una cata de diferentes vinos.
Clos Sainte Magdeleine
Avenue du Revestel, 13260 Cassis

En el Castillo de Creissaud vive Guillaume Ferroni, un amante de la viticultura convertido en licorero. Actualmente, produce un increíble pastís con sus propias plantas. A lo largo de la visita, nos explica toda la historia acerca del pastís y nos enseña sus plantaciones y las destilaciones en curso. Siempre atento a las nuevas asociaciones, prueba sin cesar nuevas experiencias. La visita termina con una cata y una pequeña prueba olfativa.
Château des Creissaud, 13400 Aubagne

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