Los 10 mejores planes en Brest

Echa un vistazo a nuestros 10 mejores planes en Brest para sacar el máximo partido a tu viaje al seno de una de las ciudades más bonitas de Finisterre.

  • Autor

    Rédaction OUI.sncf

  • Actualizado el

    08/09/2016

  • Destino

    Brest

¡Bienvenidos a la ciudad de Poniente! Brest, la segunda mayor aglomeración urbana de Bretaña después de Rennes, es, además, el segundo puerto militar de Francia. Una ciudad dinámica y de estudiantes ¡donde sin duda es imposible aburrirse! Aquí te mostramos nuestros 10 mejores planes en Brest, para aquellos que aún no conocen la ciudad.

1 – Pasear por la calle Saint-Malo

Durante la II Guerra Mundial, Brest sufrió de pleno los bombardeos, por lo que su centro histórico tuvo que ser reconstruido casi por completo al acabar la guerra. Por suerte, la calle Saint-Malo resultó ilesa. Así, podrás pasear por una de las pocas zonas “originales” de la antigua Brest, cuya atmósfera es sorprendentemente diferente.

2 – Descubrir el Museo Nacional de la Marina

¡El museo marítimo más antiguo del mundo se encuentra en Brest! Inaugurado en 1748, el Museo Nacional de la Marina de Brest presenta una colección excepcional, que permite a los visitantes conocer todo sobre las grandes expediciones, como la de Lapérouse, y descubrir un patrimonio único en sus galerías. Además, este museo se encuentra ubicado en el castillo de Brest, el cual podrás visitar por tu cuenta o acompañado de un guía.

3 – Coger el teleférico

A finales de 2016, tuvo lugar la inauguración del primer teleférico francés urbano integrado en la red de transporte público de Brest. Uniendo ambas riberas del Penfeld (el centro histórico y el militar), este medio de transporte ecológico y ameno también te permitirá disfrutar de las vistas de Brest.

4 – Tomar un barco a las islas

Brest se encuentra en el extremo oeste de Bretaña, en Finisterre. Gracias a esto, es un buen punto de partida para visitar las islas de Molène y Ouessant, y los propios lugareños se aprovechan en cuanto pueden de esta proximidad para disfrutar de estos paraísos naturales. El bienestar, la serenidad y la calma te esperan con solo cruzar la ensenada de Brest… ¡2 horas en barco, en dirección al paraíso!

5 – Visitar el acuario Océanopolis

Océanopolis te hace viajar a través de los océanos y los ecosistemas del planeta: en sus 3 pabellones se recrean el clima polar, tropical y templado, y te permiten descubrir la biodiversidad marina en su conjunto.

¡El fantástico ascensor panorámico que baja a la piscina de los tiburones es increíble! También nos encanta el Abyss Box, una novedad a nivel mundial que permite observar a animales vivos provenientes de las profundidades del océano (¡suelen vivir entre 1800 y 2000 metros de profundidad!). La tecnología del Abyss Box les permite vivir como si estuvieran en su medio natural.

Océanopolis, puerto deportivo de Moulin Blanc, Brest

6 – Una escapada en un velero espectacular

El Loch Monna es un velero de 1956 que puedes admirar si pasas por el puerto de la ciudad. Este se pasea por la ensenada de Brest, y puedes formar parte de su tripulación poniéndote en contacto con Yann, su simpático capitán. Un ambiente agradable, paisajes espectaculares… y un barco simplemente fantástico. ¡No en vano participa cada año desde 2012 en las Fiestas Marítimas Internacionales!

Teléfono de Yann, capitán del barco: 06 22 22 58 85

7 – Disfrutar de una buena comida

Las buenas direcciones culinarias de Brest suelen guardarse con celo, pero aquí te ofrecemos tres de nuestras favoritas:

Crabe Marteau es toda una institución en Brest que no te puedes perder. Como su nombre indica —en francés, “crabe” significa “cangrejo” y “marteau”, “martillo”—, en este lugar deberás romper el caparazón del cangrejo con un martillo para poder degustarlo, siempre acompañado de patatas ecológicas y varias salsas deliciosas. El lugar es muy acogedor, y sus productos verdaderamente frescos: el restaurante recibe los cangrejos cada noche, ¡directamente del mar de Iroise!

Le Crabe Marteau, 8 quai de la Douane, Brest

Como es evidente, no te puedes ir de Brest sin haber probado las crepes y galettes bretonas. Dirígete a la crepería Blé Noir, en pleno corazón del valle Stang-Alar, el pulmón verde de Brest. Además de su entorno totalmente natural (en el parque botánico de la ciudad) y de sus deliciosas crepes, aquí también podrás probar la otra especialidad culinaria de la región: el kig ha farz, un guiso bretón.

Crepería Blé Noir, valle de Stang-Alar, Brest

Cambiamos de entorno, en dirección al comedor vintage Beaj Kafe, con un ambiente incomparable. Esta cafetería, que funciona también como espacio de coworking, te permite degustar café, chocolate y té de todo el mundo, con sofás, wifi, encuadernadora, fotocopiadora e incluso periódicos a disposición de los clientes… ¡Este lugar es simplemente genial!

Beaj Kafe, 51 rue Branda, Brest

8 – Observar murales urbanos

En el año 2000 se puso en marcha un programa de embellecimiento del barrio Quatre Moulins, dejando que los muros “tomaran la palabra”. Un colectivo de pintores de murales vino directamente desde Lyon y dio rienda suelta a su creatividad para transformar la orilla derecha de Brest, creando un dinámico recorrido de murales único en su género. ¡El arte urbano que embellece la ciudad y nos alegra los paseos es un verdadero placer!

La mayoría de los murales se encuentran en la calle Anatole France.

9 – Tomar algo en el puerto deportivo del castillo

Para disfrutar al máximo de una ciudad portuaria, ¿qué mejor que ir a tomar algo a uno de sus puertos deportivos? El del castillo te ofrece vistas directas a las 625 plazas del puerto, y reúne varios puntos de interés importantes a su alrededor, como Océanopolis, el cine o incluso el museo de la Torre Tanguy. Para terminar el día a la perfección, podrás admirar el atardecer desde uno de los muchos bares de la zona.

10 – Probar una dirección insólita: el Fifty-Fifty

Este lugar “plural” hace las veces de salón de té y de restaurante, así como de tienda de muebles y decoración. Resulta muy práctico, pues si nos gusta uno de los pequeños sofás expuestos, no tenemos más que comprarlo. Uno de los anticuarios de la ciudad los selecciona con mucho mimo. Y, por supuesto, los dulces y los menús del día son caseros. Estamos enamorados de este sitio.

Fifty-Fifty, rue Boussingault, Brest. Recuerda reservar mesa para el almuerzo.

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