Вид на Сен-Мало, Бретань, Франция
Vista de Saint-Malo, Bretaña, Francia
Periodista

Saint-Malo rebosa de historia: ya sea sobre las murallas, en el castillo o por el casco antiguo, sigue los pasos de los marineros de ayer y de hoy, y descubre el litoral de la ciudad y de la costa Esmeralda al ritmo de sus mareas. Un itinerario por la ciudad corsaria en 10 etapas imprescindibles.

1. Admirar las vistas desde el torreón del castillo

Entra en el Museo de Historia de Saint-Malo, instalado dentro del castillo, y accede a las torres vigía del torreón, el cual domina sobre el edificio. Allí podrás disfrutar de las vistas de toda la ciudad, la bahía de Saint-Malo y el Fuerte Nacional. A veces accesible, este puesto de vigilancia ofrece una vista impresionante de la Costa Esmeralda, desde el cabo Fréhel, al oeste, hasta la punta de la Varde, al este.

2. Dar la vuelta a las murallas y sumergirse en la historia de los corsarios

El paseo favorito de turistas y lugareños por igual, la visita a las murallas es un clásico indispensable para sumergirse en la rica historia de la ciudad corsaria. Calcula unos 40 minutos para recorrer los 1754 metros del “tour de los muros”, donde podrás disfrutar de hermosas vistas de las playas, los fuertes y las islas por un lado, y de las estrechas calles del casco antiguo por el otro. Nuestra recomendación para mantener ocupados a los más pequeños durante el paseo es que consigas el Diario de a bordo del pequeño corsario en la oficina de turismo para hacer que se interesen por la historia de la ciudad.

3. Relajarse en el relajante entorno de las Termas Marinas (Thermes Marins)

La decoración de las Termas Marinas podría librarte por sí sola de cualquier tensión. Dominando la playa de Sillon, bordeada de balnearios del siglo XIX, las Termas Marinas se instalaron en un antiguo palacio de la Belle Époque. Con su spa, sus tratamientos con agua de mar o algas marinas, y sus recorridos aquatonic en una piscina de agua de mar climatizada a entre 31° C y 34° C, disfrutarás de un momento de bienestar en un lugar excepcional. Para disfrutar de unas vistas al mar hasta donde alcanza la vista, elige un almuerzo gastronómico en el restaurante Le Cap Horn, con un menú a la carta salpicado de mar: ostras de Cancale, vieiras, rodaballo…

4. Caer en las tentaciones culinarias del casco antiguo

El casco antiguo de Saint-Malo es el paraíso de los golosos. ¿Nuestra debilidad? Las “chiquettes” (piruletas a la antigua) de caramelo y mantequilla salada de la Maison Guella (8, rue Porcon de la Barbinais), una pastelería-confitería histórica. ¿Lo que tampoco te puedes perder? Los deliciosos helados artesanales de sabores a veces sorprendentes —como el adictivo helado de fresa y vinagre balsámico— de Sanchez (rue de la Vieille Boucherie).

5. Visitar el islote del Grand Bé, donde descansan los restos de Chateaubriand

Justo antes de cumplir 60 años, Chateaubriand escribió al alcalde de Saint-Malo y le pidió autorización para ser enterrado sobre el islote del Grand-Bé. Su deseo se cumplió, y los restos del escritor romántico, originario de Saint-Malo, descansan hoy en una tumba anónima frente al mar. Esta pequeña isla frente a la playa de Bon Secours pasa a formar parte de la península cuando la marea baja. Toma el camino empedrado que aparece cuando esto ocurre para llegar hasta la isla, y sal a descubrir después a los vecinos del Fuerte Nacional y del Fuerte del Petit-Bé. Cuidado, vigila las crecidas de la marea para no quedar atrapado cuando el mar ascienda.

6. Navegar por la bahía de Saint-Malo en una nave antigua

¡Al abordaje, grumete! Vive una aventura corsaria en la bahía de Saint-Malo con una salida al mar de abril a septiembre en un barco velero excepcional. Ya sea llevando el timón o tomando el sol en la proa, descubre la bahía de Saint-Malo, las islas Chausey, Jersey, Guernsey o el archipiélago de Bréhat a bordo de un velero de tres palos de época o de una réplica del barco de Surcouf, el célebre corsario de Saint-Malo. Si no eres muy marinero, puedes visitar la Estrella del Rey (l’Étoile du Roy), una réplica de una fragata corsaria de Saint-Malo de 1745 amarrada al muelle próximo al castillo.

7. Descubrir las creaciones inspiradas en el mar

Una tienda en la planta baja, y un taller creativo en el piso superior: sin lugar a dudas, los bolsos de la tienda Vent de Voyage (3, rue Saint-Thomas, intramuros) confeccionados a partir de velas usadas de los barcos, son creaciones 100 % locales. Diferente barrio, mismo apego al mar: déjate seducir por historias de marineros, pescadores y otros lobos de mar en La Droguerie de Marine. En esta librería del barrio Saint-Servan, ubicada en un antiguo almacén portuario lleno de encanto, los libros se entremezclan con objetos de decoración de inspiración marítima.

8. Disfrutar de los restaurantes del casco antiguo

El Saint-Malo intramuros está repleto de restaurantes. Pero, lejos de limitarse a un montón de trampas para turistas, el casco antiguo reserva varias sorpresas gustativas para los gastrónomos. Para cambiar del tradicional crepe, cruza las puertas del Comptoir Breizh Café (6, rue Orme), que reinventa las tradicionales galettes como si fueran tapas y les añade un toque asiático. Para una cena romántica, decántate por el Bistro Autour du Beurre (7, rue Orme). Como su nombre indica —en francés, “autour du beurre” significa “alrededor de la mantequilla”—, este establecimiento con una cocina creativa con productos locales rinde homenaje a la mantequilla. Pero no a una mantequilla cualquiera, sino a la famosísima mantequilla Bordier, nacida en Saint-Malo y que podemos encontrar hoy en día en las mesas de los mejores restaurantes de todo el mundo.

9. Enamorarse de las vistas desde la Cité d’Aleth

¿Te apetece sentir el salitre en la piel, lejos de la agitación del casco antiguo y de las inmediaciones del castillo? Ve a dar un paseo por la Cité d’Aleth, en el barrio de Saint-Servan, a 20 minutos al oeste de la ciudad intramuros. Este lugar histórico, que alberga vestigios de la época galorromana, ofrece unas vistas panorámicas de la ciudad y la bahía, y también de la presa del Rance y la central mareomotriz. Disfruta de un almuerzo en La Cale, una marisquería con aspecto de cabaña de pescadores, con una ubicación ideal frente al mar y la majestuosa Torre Solidor.

10. Descubrir el trato agradable de los bares de Saint-Malo

Generaciones de marineros se han sentado a la mesa de los bares de esta ciudad, y su espíritu aún permanece en las pequeñas calles empedradas del casco antiguo. Dirígete al Bar de l’Univers para charlar sobre velas y navegación con experimentados timoneles. Algunos de ellos han participado incluso en la famosísima Ruta del Ron. Con una decoración sobrecargada, una colección de muñecas, acceso a los aseos mediante un ascensor y columpios en la barra, déjate sorprender por la excentricidad del Café La Java, la taberna más antigua de Saint-Malo, también conocida como “el bar de la esquina calle abajo del extremo de la ciudad frente al puerto”.